LA VIDA NO TIENE LA CULPA...EXACTAMENTE ESO..!!!ELLA NO TIENE NADA QUE VER CON NUESTROS DOLORES INTESTINOS...ELLA SOLO TRANSCURRE Y SOMOS NOSOTROS LOS RESPONSABLES DE TODO LO QUE NOS SUCEDE.DIGO DE TODO..!!!ASI ES QUE NO LA CULPEMOS MAS..NO TIENE SENTIDO Y APARTE ELLA NO SE INQUIETARÁ...SEGUIRA SU CURSO...Y NUESTROS QUEJIDOS Y VILIPENDIOS CONTRA ELLA CAERAN EN SACO ROTO...NO TIENE LA CULPA..POR FAVOR : NO LO OLVIDEN.

RELOJ

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lunes, 14 de abril de 2008

EN LA REGALERIA




EN LA REGALERIA
El sol golpeó mis ojos cegándome. No pude ver más que las chipas de agua que, salpicando el césped, formaban una cortina multicolor que, en su descenso, alimentaba la alfombra verde sedienta. Dejé el dolor para más tarde y me distraje con mi pluma para dejar salir algo bello, siquiera alegre. Un benteveo me examinó desde la cumbrera de adoquines que era parte de lo que podía ver desde mi lugar. Al llegar su compañera, pico de por medio, salieron al vuelo, ¿quién sabrá a dónde?
Como el agua había cesado, una paloma aprovechó para bajar a lo húmedo y recoger semillas con agua. Luego recorrí, como pude, ya que Febo seguía intenso sobre mis ojos, las puntas de las alamedas de otros lares. El cielo un poco sucio de nubes, que ya desde hacía días amenazaban el lugar.
Retraído volví conmigo y clavé mis ojos en los peluches que giraban, daban vueltas, querían escapar, como yo, recorrer el lugar y no pender del nylon que los sujetaba del techo.
Eso me abrió la puerta a la fantasía y vi que las muñecas, que tenían una sonrisa dibujada, no estaban tan felices como demostraban, se sentían presas, en cautiverio…esperando que algún niño las rescatara, las abrazara, jugaran con ellas…pero en el fondo, sabían que terminarían en soledad en algún rincón del local o lo que sería aún peor, en la oscuridad de algún armario húmedo; entonces, mirándose unas a otras, decidieron que, por ahora, el lugar que les tocaba era cálido, en él podían, al menos, compartir su soledad.
Un mono de la vidriera se inclinó con un poco de esfuerzo, se volvió a mí, me chistó y al mirarlo, dio vuelta con rapidez su cabeza y se burló de mí ¡¡ una monería!! El León le advirtió a la Avispa sobre su desagradable forma de defensa, a lo que la Osa tenista respondió: “Mira quién habla respecto a las formas de defensa” El león, mostrando sus garras y colmillos, le gruñó.
El pez, orgulloso de su porte y color, masculló algo que no pude entender, al arcaico, aunque multicolor Dino que lo acompañaba. De pronto, el sol dejó su estela y desapareció tras la pared adoquinada, elevando sólo su resplandor. Una brisa se acercó hacia las aberturas, la temperatura descendió. Esa brisa abrió las páginas de los libros de cuentos y pegatinas. Un cuento le contó a otro sobre su contenido pero, al parecer, al otro le pareció tedioso su relato y cerró abruptamente sus tapas. Todo lo que contenía el lugar danzaba al compás de la música que salía del radio grabador. Las tarjetas intercambiaban sus leyendas, ¡felices! ¡alegres!, en un cóctel perfecto de color y dulzura. Los bolígrafos y lápices comenzaron a escribir en el aire cosas sin sentido o simplemente, garabatos, mientras las gomas, desde atrás, iban borrándolo todo. Un set de librería, espontáneo, se desarmó y mostró su contenido, alardeando de su mejor ubicación en al vidriera. Pero lo que más me llamó la atención fue como Pooh y su pandilla platicaban amenamente con Barbie, Tweety, Lucas y otros personajes famosos, sin competir unos con otros. Una pelota saltarina golpeó apropósito a un peluche que permanecía tieso sin emitir palabra alguna. Fue un momento en que comenzó una fiesta general, llena de color y sensaciones. Los habitantes del local bailaban, reían, saltaban y hasta la muñeca más grande, “la vedette de las muñecas”, descendió de su lugar y me invitó a bailar con ella, pero con una caricia en su moflete, volvió a su lugar, no sin antes dar orden a sus compañeros de trabajo para que se ubicaran en sus posiciones pues comenzaban a arrimarse los potenciales clientes, los niños. Fue así que el último bolsito marinero se despidió de sus compañeros y se marchó con Joaquín, su comprador y nuevo amiguito.

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