

Repletos de verdes y amarillos mezclados con el canela de la pinocha seca y el gris de los troncos, mis pensamientos somnolientos quedaron suspendidos…de repente un bramido agudo desgarró profundo mi interior, agitándolo en un remolino alocado sin explicación aparente. Mi corazón se detuvo súbitamente y se cayó la naturaleza toda.
Algo detuvo mi sangre, antes caliente ahora helada. La terrible sensación de pérdida me abrió el cuello y mi boca, seca, exhalaba aliento a resinas. Primero, perdí mis brazos, se quebraron mis piernas y mi cabeza se transformó en cenizas; con lo poco que quedaba, increíblemente, reaccioné sólo segundos, bañado en sudor y lágrimas de sangre…
Tan solo, corroboré que habían talado todo el bosque…y con él, mi último suspiro de vida.
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