
Siete años separaban mi último viaje a San Juan lo que para muchos puede resultar muy poco tiempo, para mí ya era toda una eternidad.
Los recuerdos, encofrados en algún rincón de mi mente, se habían dormido por un tiempo; el tiempo despiadado había conseguido ocultarlos y hasta borronearlos. Pero ni bien ingresé a la provincia, como siempre y sistemáticamente, me ocurría…como cuando uno abre un regalo con todas las expectativas, como una catarata de alegría inmensa; comenzaron a surgir los recuerdos, el sol, fortísimo, me abrazo de nuevo, con fundiéndome con su aridez que seca y percude…y un cielo azul, limpio y afable, me saludo a la entrada. Obviamente, sólo tenía recuerdos que el tiempo trató de pulverizar sin conseguirlo…pero lo que sin duda logró, es separarme de mis afectos, de todo lo que enfervorizaba mi espíritu apenas llegado a estas tierras. Lamentablemente, sólo contaba con “recuerdos” hermosos, pero recuerdos al fin.
Transité a algunos parientes de mi agrado, con los que uno siente verdaderos deseos de compartir algunos cruces con sumí amigos; un viaje a lugares recónditos y bellos de la provincia que no conocía, dónde uno aprecia lo que en realidad es vivir, y la humildad de la gente que, alejada de las grandes urbes, sabe valorar cada hálito de vida a su alrededor, convive tan de la mano con la necesidad, que no la ve. La fisonomía del terreno le ha curtido, no sólo la piel, sino el espíritu.
Luego, de regreso a San Juan…miré a mi alrededor, volví a sentir lo que antaño…pero, insisto…sólo me queda una gran bolsa llena de recuerdos…
¡¡Hasta pronto, San Juan!!
Gracias por lo brindado en mi juventud… ¡y por seguir recibiéndome siempre!
Que respire siempre tu sol, tus acequias, tu alameda…
Que vivan siempre en mí tus recuerdos.
Quizás el tiempo los reanime de nuevo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario