
El sol me contó que en una tarde descollante de belleza limpia, acariciaba la lenidad de tu piel y que una nube celosa se interpuso entre ambos. Primero fue una, y luego, se sumaron más, transformando el cielo, otrora diáfano, en algo tieso de horror, pero tú dormías y no supiste lo que pasaba enredador.
Luego la lluvia me dijo que jamás había bañado tanta ternura ni una existencia tan exultante como al tuya.
Fue así que La Dama De La Noche, que nacía fresca sobre el mar, llena de luz…se expresó así: “he podido ver su interior descansar de manera tal que nadie ni nada ha podido despertarla de su hermoso y plausible sueño”.
Ni siquiera tu recuerdo. Ya un grupo de curiosas estrellas noctámbulas me habó acerca de ti, describiéndote: “es indiscutiblemente bella por dentro y por fuera…almibarada, comprensiva. No despierta, pues es tal la paz de su interior y la dispensa en suspiros armoniosos, que desea seguir inmersa en su interior”.
Mientras reposas sobre la arena semihúmeda y la brisa sal moja tu rostro, el Rey Primero asoma, te hace parpadear levemente, te incorporas despacio y ves que te observo extasiado, contándote que mientras dormías yo había sido Sol, Lluvia, Luna, Estrella y Agua Sal…
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